• La presión de los récords


    Cuando Kipchoge corre el mundo del atletismo se paraliza, los récords tiemblan, o al menos, eso nos venden. Y ese 2:02:57 que su compatriota Kimetto lograba en 2014, precisamente en Berlín, se transforma en una obligación que hasta el momento parece incumplida.

    En carrera influyen miles de factores. El entrenamiento está en las piernas, pero un récord exige algo más. Para conseguir un récord, prácticamente se deben alinear los astros. El viento, la temperatura, la humedad, un recorrido rápido, las liebres... Todo eso funcionando a la perfección parece algo que no se antoja fácil y que puede ser clave para correr rápido.

    Los récords están ahí, y están ahí para batirlos, pero no para crear una obstinación que, en buena parte, no es más que marketing barato. Así, e incluso más allá, hasta el punto de haber llegado a eventos como el Breaking2 en los que la meta no era otra que bajar de las dos horas, una marca personal puede pasar desapercibida.

    Cuando Kipchoge corre, lo que es cierto es que la ceguera del récord nos impide disfrutar realmente de un atleta excepcional, e incluso, si no cae la guinda, menospreciar la carrera por no haber sido el más rápido de la historia.

    Él mismo lo ha afirmado, el objetivo es hacer la carrera más rápida de su vida, lograr su mejor registro personal, bajar de esos 2:03:05 que lucen en su historial desde hace un par de años, y si se puede atacar a la plusmarca... ¿Por qué no? Pero sin la presión a la que se somete maratón tras maratón.
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